CAMPAMENTO AMBIENTAL LOMA DE MEJÍA Independientemente del caso mismo,
las consecuencias de la cerrazón gubernamental y de la lucha de ONG´s
interesadas en la preservación de la zona, ha llegado a niveles dramáticos y
peligrosos, sin que hasta el momento se avisore un ápice de conciencia y
responsabilidad por parte de las autorices. La zona conocida como Loma de Mejía,
es una rodeada de barrancas y depresiones donde la biodiversidad es manifiesta.
A unos pocos kilómetros de la ciudad de Cuernavaca, todavía es posible observar
en pleno Siglo XXI estos paisajes que nos dan una idea por lo que este lugar
fue considerado por nuestros ancestros como un lugar sagrado. Aquí aún hay especies de aves
diversas, siembra de maíz, café y plátano; el agua se puede beber y hay ríos en
plena época de secas completamente saludables donde se puede nadar y observar
peces, cangrejos, ranas y sapos. El lugar es extraordinario y lo atestigua un
gigantesco árbol ahuehuete, considerado por nuestros ancestros como un árbol
sagrado, milenario y que se comunica con nosotros. Loma de Mejía, la dulce muerte Escrito por Leonardo Compañ Jasso Lunes, 04 de Agosto de 2008 00:00 Ahora, es Loma de Mejía, rincón del Tamoanchan, donde florece el cielo
como agua clara entre la seca dureza de las barrancas, bajo el viejo árbol de
la vida y las raíces del amate, la flor y el canto, el olor y el color a saber. Ahora, sí, Loma de Mejía ve cómo le crecen espinas herrumbradas por ley,
prepotencia y burocracia para escupir la voz ciudadana, con silencio, puño,
bota y fusil. Antes, fue el Casino de la Selva y su polifonía mural y arquitectónica. El
ignorante y el empresario, todavía impunes, la entregaron al gringo depredador,
al nuevo abarrotero, que blande puritanismo en vez de puro y vende chorizo y
papel sanitario en nombre de Dios. Antes y ahora el cielo de Cuernavaca se mancha de azul cadáver, de azul
bonapartista, vuelto dogma y fe en el dólar; sí, en la basura. Y allá, donde aún el limo se transforma en pez y la mariposa se confunde con la
flor; donde corre Prometeo, embriagado por el fuego original, con la cola
quemada, un decreto, otro más, ordena ahogar las aguas claras en el orín y el
veneno de los deshechos orgánicos e inorgánicos. Un decreto, otro, enfundado en letras de soberbia para mejor cometer agravio.
No, nadie lo agradecerá, pero el odio y el desprecio abrirán sus alas de
murciélago para ensombrecer la siniestra decisión e hincarle los dientes de la
infamia. Una palabra se unirá a otra, un brazo a otro, una casa de campaña a otra, un
hombre a otro y una mujer a otra para levantar la Voz. No los vencerá. Saldrán de sus casas los ciudadanos, las ciudadanas, y hablarán desde su
corazón. No, no los vencerá la burocracia ni el trámite ni, mucho menos, las
leyes y reglamentos, fabricados para tirar el dinero del pueblo, atado con
liga, en burdeles y cantinas. No, no los vencerá. Correrán entre el viento envirgulecido por los árboles nagual. Ulularán en
medio de la noche y entrarán al sueño color asfixia para carcomerle el alma y
la fe. Loma de Mejía seguirá, a su pesar. Cortarán la agujas que disecan las nubes y hacen del cielo un insectario del
"voto ciudadano" para transformar la lluvia en veneno y la basura en río. No,
no hay poder en la corteza; solo en la carne y en la sangre. En Loma de Mejía, no habrá astillas ni leña ni hueso ni grano de pus en los
helechos y secretos escondrijos, donde el escarabajo es rey y el alacrán se
guarece bajo las ramas y las hojas. No hay miedo ante miedo decretado; únicamente, blasón de libertad. Un hermano y
una hermana, un hijo y una hija, dispuestos a quebrantar la autoridad del error
para no vender al sueño lúgubre y azul la pureza de la dignidad. Aún el hueledenoche obsequia su aroma a los ciudadanos que luchan por defender
tierra, en tierra del Calpulelque Zapata, mientras los autores del decreto
buscan el peso de los párpados, bajo el muelle dulzor de la sábana y la cobija,
sobre el lecho. Pero ahí no hay amor; sólo fatiga y hastío, seco hueco de
pavimento y casa de cambio. Manos ciudadanas templan justicia y ley para entrelazarlas a la luna, igual que
la araña, por amor a la barranca y al jazmín. No responden a la injusticia con injusticia, sólo con humanidad de hombres y
mujeres, de padres y madres, de hijos e hijas; de nietos y nietas que pugnan
porque el tulipán y la bugambilia coronen de morado y rojo, de amarillo y
violeta, el respeto a las venas de la vegetación. Sí, la misma que roerá al mal sueño, a la pesadilla, cuando muera entre
la vergüenza y los gusanos.
COMUNICADO DÍA 10
